En otras épocas, cuando un pueblo quería defenderse de la invasión de otro pueblo, desarrollaba múltiples acciones para salvaguardarse. Algunos rodeaban los límites con altos muros que impedían el fácil acceso. España contra Los Moros, por ejemplo.
En esos muros, se montaban guardias que se turnaban para evitar momento sin vigilia. Ante cualquier indicio o movimiento sospechoso, alarmaban, daban aviso a los soldados para que nada los sorprenda. Obviamente ante un real acto de invasión, era importante para el invasor, no exponerse más allá de la cantidad de hombres o soldados que se disponía. Es bueno saber que siempre hubo valientes que daban cuenta de la situación a la que se exponían al invadir tierras ajenas ¿Cómo? Acercándose al lugar deseado, ocultándose de la vigilia, a riesgo de ser captado por el ojo guardián, ávido de encontrar una presa y tomando información de la cantidad de vigilantes que disponía el enemigo. O, más precisamente, de los momentos en los cuales las guardias quedaban desguarnecidas por el cambio de Vigilantes.
Espiar implicaba esconderse de las miradas delatoras.
Un riesgo delegado a seres valientes.
Imaginemos que en lugar de una ciudad, hay un espacio imaginario que resguardar. Imaginemos que muchas personas quieren llegar a ese lugar.
Imaginemos que hay un sólo Vigilante y que tiene todas las facultades para descubrir a los que quieren llegar a ese lugar imaginario para tocarlo, ya que es el único método para sentirse salvados.
Imaginemos que el primer ser descubierto deberá cumplir el tenso, difícil, responsable y aburrido rol de Vigilante. Rol que para ser cumplido con éxito, depende del descubrimiento de cada uno de los participantes. Porque sin tan sólo uno se escapa de su vigilia, hecha por tierra su trabajo. Y deberá repetir su función…
El apasionante momento en el que la cercanía de la salvación, provoca ceguera y mortal distracción o atención salvadora.
El lugar a salvaguardar se denominará “Piedra” y será un espacio de pared pautado por todos. El vigilante se elegirá mediante un sorteo y facilitará un tiempo a los demás en el cual deben elegir el lugar donde esconderse. Durante ese tiempo va dirigirse a la “Piedra”, y contará en voz alta, con los ojos cerrados, y su cara apoyada en la pared, los segundos previamente pactados. Es bueno aclarar que las texturas de “
Los lugares donde esconderse no tienen la obligación de ser fijos. Queda a riesgo del escondido.
Una vez terminado el conteo, el vigilante se encuentra con la ardua tarea de encontrar a todos. Solo. En la inmensidad del terreno.
Debe ser cuidadoso, pues un error al momento del descubrir un escondido, le costará la vida. Deberá empezar todo nuevamente.
Difícil. Muy difícil.
El Vigilante comienza su búsqueda.
No debe alejarse mucho de la “Piedra” pues cualquiera que la toque se sentirá salvado y exento de tener que cumplir el rol de Vigilante en un próximo juego. Y él debe evitar eso a toda costa.
Cuando descubre un Escondido, deberá gritar en voz alta el nombre del mismo y acertar, pues un error o confusión de persona, le costará tener que comenzar nuevamente todo. Pero la acción no termina ahí, recién comienza. Una vez descubierto un escondido, como ya dijimos, debe gritar su nombre acertar y correr hacia “
Esto será muy difícil de remontar, pues a ningún Vigilante le gusta ser derrotado en su función.
En cambio si el descubierto no llega antes a la “Piedra”, al ser el primer escondido delatado, será el encargado de ser “Vigilante” en un próximo juego.
El resto de los participantes, seguirá expuesto a ser descubiertos o salvados, dependiendo de la sagacidad, de la buena elección del lugar o de la velocidad con la que corra hacia “La Piedra”. No olvidemos que en épocas lejanas que los Vigilantes que descubrían un fisgón, no le perdonaban la vida, ni le daban la posibilidad de un juicio. Los descubiertos pagaban con su vida. Dependían de su rapidez y valentía.
Esto es un juego, pero la imaginación todo lo puede.
Otra situación factible es que el Vigilante descubra a alguien y, al gritar su nombre, lo confunda con otro. Ahí el descubierto gritará: “Sangre” y obtendrá el beneficio de sentirse salvado. Más allá de que no siga participando, como cualquier otro que sea descubierto. Acertadamente o no.
Así hasta el anteúltimo de los participantes. El último tiene una facultad que podríamos denominar “Divina”. Es el único que puede devolverle la vida a los descubiertos. Es el único que puede hacer que el Vigilante deba desarrollar su función nuevamente.
Si por cualquier situación toca “
Como en toda historia hay un “Héroe” y es el último en ser descubierto.
El que más tiempo estuvo resguardando su identidad.
El que más se preocupó por su vida.
El que posibilitó que todos recuperen la vida, la libertad.
Todos juegan a
Con la esperanza de sentirse El Héroe de una película vista por todos.
Vivida por todos.
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